15 de Marzo de 2026
El lema de este año, “CONSTRUIR ESPERANZA Y ARMONÍA. UN CLAMOR HARAMBEE PARA UNIR A UNA SOCIEDAD DIVIDIDA” afirma que cuando la humanidad se une en Harambee, uniendo fuerzas, ninguna adversidad es insuperable, y ningún sueño de justicia, paz y dignidad es inalcanzable.
Se inspira en la filosofía africana de Harambee; un llamado colectivo a la unidad, el apoyo mutuo y la responsabilidad compartida. En un mundo cada vez más fracturado por conflictos, desigualdades, desplazamientos y crisis ecológicas, el tema es a la vez un recordatorio y un desafío: la única forma sostenible de avanzar es mediante la cooperación, la solidaridad y la cocreación.
En esencia, el trabajo social es una profesión arraigada en los valores de la dignidad humana, la justicia social y la participación comunitaria.
Estos valores afirman que ninguna sociedad puede prosperar cuando sus habitantes están divididos o excluidos. Por lo tanto, el tema subraya la urgente necesidad de restaurar la confianza y reconstruir los lazos de pertenencia en comunidades fracturadas.
Las trabajadoras/es sociales, junto con sus aliados, están en una posición privilegiada para impulsar estos procesos, acompañando a las comunidades, amplificando las voces de los marginados y facilitando el diálogo a través de las divisiones sociales, culturales y políticas.
Al invocar a Harambee, el lema de 2026 convoca a trabajadores sociales, gobiernos, instituciones y comunidades de todo el mundo a colaborar en la construcción conjunta de espacios de esperanza y armonía. Nos desafía a ir más allá de la caridad hacia una solidaridad genuina, más allá de la prestación de servicios hacia el cambio sistémico, y más allá de las divisiones hacia la unidad. Nos recuerda que la paz no es solo la ausencia de violencia, sino la presencia de justicia, inclusión y oportunidades.
El Día Mundial del Trabajo Social 2026 es, por tanto, un llamamiento global: a superar las divisiones, fortalecer la resiliencia y forjar un futuro más justo y sostenible. Nos insta a reconocer que ningún actor puede superar por sí solo los desafíos actuales, ya sean la guerra, la desigualdad o el colapso ecológico. La esperanza y la armonía solo son posibles cuando nos unimos, a través de fronteras, sectores y comunidades.